Desde 1990, cada 1° de octubre se celebra el Día Internacional de las Personas Mayores, fecha determinada por la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU), bajo la Resolución 45/106, con el objeto de reflexionar y prestar atención a las necesidades y desafíos particulares de las personas adultas mayores. Allí, se solicita crear un compromiso con un envejecimiento saludable, el alineamiento de los sistemas de salud con las necesidades de las personas mayores, el establecimiento de sistemas para ofrecer atención crónica, y la creación de entornos adaptados para personas mayores. Asimismo, se destaca la importancia de la formación continua, la orientación profesional y los servicios de contratación, entre otras cuestiones, para mantener una capacidad funcional máxima, y mejorar el reconocimiento público de la productividad y las contribuciones de las adultas y los adultos mayores.

De acuerdo con la ONU, las personas mayores siempre han desempeñado un papel significativo en la sociedad como líderes, cuidadores y custodios de la tradición. Sin embargo, son muy vulnerables, y muchos caen en la pobreza, quedan con discapacidades o sufren discriminación. En esta línea, Naciones Unidas entiende que los derechos de las adultas y los adultos mayores más vulnerados en América Latina son: el cuidado, la toma de conciencia, la salud, la seguridad social, la discriminación, el maltrato y el trabajo.

Por otra parte, un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que la proporción de personas mayores aumenta rápidamente. En la actualidad, casi 700 millones de personas son mayores de 60 años. Para 2050, las personas de 60 años o más serán 2 mil millones, lo que supone un 20% de la población mundial. El envejecimiento de la población conlleva aspectos positivos y negativos. La OMS asegura que puede considerarse un éxito desde el punto de vista de las políticas de salud pública y desarrollo socioeconómico, pero a la vez implica un reto para la sociedad, que debe adaptarse a ello para mejorar la salud y la capacidad funcional de las adultas y los adultos mayores.

Por ello, desde el Observatorio de la Discriminación en Radio y TV reafirmamos nuestro compromiso de continuar trabajando en pos del reconocimiento y el pleno ejercicio de los derechos humanos de las personas adultas mayores que se encuentran en situación de discriminación y vulnerabilidad, transmitiendo los conocimientos básicos sobre sus derechos y propiciando su empoderamiento y autonomía.

También entendemos que la capacitación y la disponibilidad de recursos para comunicadores y profesionales de la comunicación social pueden producir un impacto en la cantidad y calidad de las informaciones que se generan. Por ello, con el objetivo de consensuar buenas prácticas periodísticas, ponemos a consideración una guía de recomendaciones para el tratamiento mediático de situaciones y casos relacionados con las personas mayores, disponible en nuestra página web