Junio 2010
El fútbol permite visualizar una “vidriera” donde se expresan con mayor visibilidad las matrices sociales y culturales de la discriminación. [1] El deporte genera mecanismos pasionales y tiene fuerte arraigo en la población, en especial la masculina. A su vez, los medios –y el mercado que los sostiene– potencian esos arraigos y los amplifican. Es notable cómo los “cantitos” de las hinchadas en la cancha –que los medios, en especial radio y televisión, dejan filtrar con excesiva permisividad– condensan distintos tipos de discriminaciones.[2]
El siguiente informe tiene como objeto señalar críticamente y a modo de ejemplo, las expresiones discriminatorias que habitualmente son utilizadas en el ámbito del fútbol. Si bien este texto fue elaborado el año pasado, es importante recordar las recomendaciones realizadas oportunamente, considerando que actualmente se está desarrollando el Campeonato Mundial de Fútbol de Sudáfrica 2010.
El Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión -integrado por la AFSCA, el INADI, el Consejo Nacional de las Mujeres (CNM)– analizó los relatos de tres partidos de fútbol de la Liga Inglesa, efectuados por el periodista deportivo Juan Manuel “El Bambino” Pons. Estos partidos se transmitieron por el Canal Fox Sports de la televisión por cable durante el mes de mayo de 2009 a toda América Latina. Del análisis surgen las siguientes consideraciones:
Durante sus relatos Pons emite constantemente enunciados discriminatorios señalando las diferencias en tono de burla. El conductor hace comentarios burlescos y chistes acerca de los jugadores o del público, refiriéndose al aspecto físico, la clase, la etnia, la orientación sexual o la condición social. El chiste o la burla pueden ser formas de discriminación cuando su “efecto” o “gracia” descansa en la identificación de las características de un grupo o colectivo social. La risa puede herir la dignidad de los grupos a pesar de que su formulación como broma se perciba como algo poco grave y “aceptable” por el contexto en el que se enuncia. [3]
En primer lugar, podemos citar algunos comentarios de Pons que se apoyan en las características étnicas y de clase de los jugadores:
– “Se está preparando el nido de carancho, el coreano Park, ¡es un vendedor de supermercado con esa pinta!”
– “Parece un perrito con la peluca de esa actriz norteamericana, la de las películas comedias, ¿cómo se llama? ¿Whoppie? ¿Whoppie? ¡Whoppie Goldberg! ¡Whoppie Goldberg! Es igual a Whoppie Goldberg, allá está Whoppie Goldberg, es Whoopie Goldberg, mirá a Whoppie, mirá que lope que tiene…”, refiriéndose a Ebne, un jugador afrodescendiente que lleva el pelo en forma de dreadlocks. Continúa, “¡No le faltaba nada al negrito, eh! Hizo de todos los colores el negrito, eh”.
Con respecto a Nani, otro jugador afrodescendiente:
– “Aplausos para carancho, mirá qué pelo planchado, cuando llegó a la Liga hace un par de años su pelo parecía un nido de hornero, de carancho, de codorniz”.
Y hablando de Carlos Tévez:
– “No le quedó tan planchado el pelo, ya le volvió a su natural estado de…”.
Al basarse en principios aparentemente «naturales», la risa y la comicidad no sólo niegan la condición ideológica de los prejuicios sino que refuerzan la diferencia y reproducen las relaciones de desigualdad. Las modalidades humorístico-cómicas pueden habilitar el ejercicio de ciertas prácticas de violencia simbólica. Al respecto, Pierre Bourdieu define la violencia simbólica como “todo poder que logra imponer significaciones e imponerlas como legítimas disimulando las relaciones de fuerza en que se funda su propia fuerza, añade su fuerza propia, es decir, propiamente simbólica, a esas relaciones de fuerza”[4] . Podemos hablar entonces de una violencia simbólica ejercida sobre distintos grupos sociales como manera de reproducir, instalar y legitimar las relaciones de subordinación y poder que se establecen en una sociedad, a través del humor.
En el marco del triunfo en el campeonato, Pons relata los festejos en el vestuario, nuevamente, remarcando las diferencias de clase de Tévez, esta vez en términos de los consumos culturales:
– “Alienta Ferdinand, qué raro Tévez que no aliente, que no empiece con su cumbia, con su música tan tradicional. Es un vestuario primera clase, de business, de ejecutiva de los aviones”.
Las referencias a la cultura (en este caso, a los gustos musicales) y al aspecto físico podrían encuadrarse en lo que se conoce como “racismo de la apariencia” o “racismo estético”. En la actualidad, los grupos sociales y sus relaciones jerárquicas –de superioridad e inferioridad- muchas veces se definen por la aproximación o lejanía de un “modelo estético ideal”. De esta forma, los mecanismos discriminatorios se conjugan con la mercantilización de las diferencias a partir de una lógica de “normalización” de la identidad, es decir, una “normalidad estética”, como un “estilo de vida”, sustentada en la forma de vestir, de hablar y de moverse, y en un determinado tipo de consumos culturales. Esto se corresponde con un intento de “normalizar” el cuerpo, la apariencia, los hábitos y las costumbres. Es así también que quien no usa determinada vestimenta, no habla de cierto modo, no posee determinados hábitos o no despliega cierta clase de consumos puede ser objeto de señalamiento, marginación y exclusión.
En este sentido, la “fealdad” se postula como un asunto de “elección” y la falta de adecuación al modelo estético predominante se define como rasgo de extrañeza o peligrosidad. Este tipo de racismo es menos evidente o abierto. “Se margina más o menos a los de siempre, pero con una argumentación que parecería más natural, producto del ‘gusto’ y no de la ideología”. [5]
También podemos citar algunos comentarios de Pons claramente homofóbicos:
– “¡Mirá cómo está ese muñeco! ¡Con la matraca! Semejante maraca (hablando de alguien en la tribuna) … Estaba con la matraca dándole a la matraca”.
– “Le gusta tirarse arriba de los hombres, es medio maracaiba, le gusta tirarse arriba del hombre, mamita… eh, que pulastro, ¿no?” (en este caso refiriéndose a Ronaldo).
Las personas con identidades de género, orientación o prácticas sexuales no normativas figuran entre los colectivos discriminados en nuestra sociedad, a los cuales se les reservan etiquetas negativas y epítetos peyorativos y ofensivos. Sobre todo en el contexto del fútbol, donde uno de los insultos más recurrentes hacia a los jugadores o la hinchada contraria es “puto”. Este sentimiento de rechazo y desprecio, que en algunas oportunidades llega a la violencia física y la agresión contra estas personas, se denominan “homofobia” .[6]
Por último, podemos citar algunos de sus comentarios con respecto al aspecto físico de diferentes jugadores:
– “Cabeza huevo de pascua”, “Churrasco de víbora”, “Cara de plancha, mirá lo que es esa pera, parece una bruja”, “Ahí está el cara roja Ferguson”.
El instructivo realizado por el Área Queer [7] de la Facultad de Filosofía y Letras indica que “la discriminación es un conjunto de prácticas culturales de estigmatización y represión en función de las cuales se vulnera la igualdad de oportunidades, trato y resultados de distintos colectivos y sujetos/as sociales en función de la desigualdad y las diferencias que se atribuyen a los mismos”.
En los comentarios analizados, más allá de su evidente carácter discriminatorio, no está demás señalar, por darse en todos los casos en un contexto humorístico o cómico, que un acto discriminatorio no se define por su intencionalidad. Es decir, la persona puede no tener como finalidad discriminar y sin embargo hacerlo. Por lo tanto, la discriminación debe medirse por las condiciones y el resultado de las acciones y no por su intencionalidad.
Podemos agregar, para los casos analizados, que una forma “camuflada” de discurso discriminatorio son los estereotipos. El estereotipo es la asociación de determinadas personas a ciertas características, conductas, etc. Esta asociación simplifica y deforma la realidad. Todas estas creencias son prejuicios. Estas formas de discriminación son tan graves como las abiertas e intencionales porque crean sentimientos de inferioridad y superioridad entre las personas y sustentan desigualdades reales. [8] La exclusión y la discriminación se producen por estereotipos que se logran a partir de oposiciones que distribuyen tanto valores como rasgos estigmatizantes: la exclusión es representada como consecuencia del mal desempeño o falta de adecuación de los sujetos, la sexualidad como enfermedad, la persecución como defensa ante la anomia y el descontrol de los grupos.
La discriminación en el fútbol no es un fenómeno aislado o eventual, sino que refleja la existencia de un comportamiento discriminatorio, xenófobo y racista arraigado, sistemático y hasta “naturalizado”, de determinados/as participantes y protagonistas de los eventos en cuestión. [9] En este sentido, el Observatorio de la Discriminación en el Fútbol del INADI tiene como objetivo fundamental desarraigar la creencia de que “está todo permitido en el fútbol” y que tales conductas pertenecen al “folklore” normal y típico de los encuentros futbolísticos. Dicha concepción significaría sin más la naturalización, perpetuación, permisividad, tolerancia e instigación de conductas discriminatorias, xenófobas y racistas que se realizaran en dicho contexto, debido a que la propia idiosincrasia del fútbol lo “justificaría” todo.[10]
Las expresiones estereotipadas, de burla o los insultos pueden tener efectos muy claros y pueden habilitar acciones y convocar a la violencia. Un ejemplo reciente en el fútbol local se produjo cuando durante un partido entre Independiente y Boca Juniors, la hinchada de Independiente desplegó banderas de Bolivia y Paraguay como una forma de insultar al equipo contrario. Al día siguiente, se supo que el episodio había tenido repercusiones sobre la comunidad boliviana local, cuyos locales en el barrio de Liniers fueron apedreados por desconocidos.
Como señala el instructivo del Área Queer, los estereotipos en los medios de comunicación, sean éstos escritos o audiovisuales, en la publicidad o el entretenimiento actúan como códigos que proveen pautas de comprensión sobre sujetos o grupos. Transforman los prejuicios sobre algunos grupos en “acuerdos sobre la realidad” .[11] Son usados para justificar y legitimar relaciones de poder y modos de autoridad. Además, los estereotipos perpetúan la desigualdad y la exclusión como problemas individuales que requieren permanente vigilancia y control.
Recomendaciones:
Las siguientes recomendaciones se realizan en concordancia con lo expuesto por el citado Instructivo del Área Queer[12] de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires:
1) Evitar las expresiones xenófobas.
2) Cuestionar los estereotipos que el sentido común establece en relación con la desigualdad y las diferencias haciendo visible que las imágenes binarias construidas a partir de rasgos asignados como características constantes, atemporales y ahistóricas, se basan en procesos ideológicos. Estas tipologías son las que habilitan la burla y el desprecio hacia prácticas que no responden a los parámetros de “normalidad” (hombre blanco, heterosexual, de clase media).
– En el caso particular del colectivo afrodescendiente, se recomienda evitar los estereotipos que remiten al exotismo, a la potencia sexual, a lo “salvaje” y al rendimiento físico para el deporte ya que implica la fijación de una ”característica racial” naturalizada.
– En el caso particular del colectivo asiático, sugerimos respetar las diversidades culturales y no englobar a las distintas nacionalidades bajo un genérico como “orientales”.
3) Sugerimos evitar caracterizaciones y “perfiles” que impliquen una naturalización del prejuicio, la burla y/o el insulto, o la exposición de los conflictos por géneros u orientaciones y prácticas sexuales no normativas como nota de color o pintoresquismo.
4) Tratar como prácticas discriminatorias los gestos, epítetos o comentarios burlescos o injuriosos producidos por miembros de la industria del espectáculo, el deporte o por celebridades públicas que suelen justificar sus enunciados excluyentes al considerarlos dentro de sus “contextos particulares”.
Colaboraciones: Agradecemos la colaboración del Foro de Medios y del Observatorio de la Discriminación en el Fútbol del INADI.
Notas:
[1] Para más información: Observatorio de la Discriminación en el Fútbol. Se trata de espacio de cooperación interinstitucional que trabaja esta problemática y se encuentra conformado por el INADI, la AFA (Asociación del Fútbol Argentino), las asociaciones de árbitros, periodistas y personas especializadas de distintos ámbitos.
[2] Hacia un Plan Nacional contra la Discriminación. La discriminación en Argentina. Diagnóstico y propuestas (2005), Buenos Aires, Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Instituto Nacional contra la Discriminación, pp. 194 y 195.
[3] Batiuk, Verona, Derechos y Justicia: para vos, para mí y para tod@s, coordinado por Malena Derdoy y Soledad Pujo, 1ª ed. Buenos Aires, Fundación CIPPEC, 2006.
[4] Bourdieu, P. y Passeron, J.C., La reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza, España, Ed. Fontamara S.A., 1979.
[5] PNcD, op. cit., pp. 40 y 41.
[6] PNcD, op. cit.
[7] Área Queer, Medios de Comunicación y Discriminación, Desigualdad de Clase y Diferencias de Identidades y Expresiones de Géneros y Orientaciones Sexuales en los Medios de Comunicación, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires, 2007.
[8] Batiuk, op. cit
[9] Dictamen del Área de Asistencia en Situación de Discriminación del INADI Nº 125/09 del 7 de julio.
[10] Ídem.
[11] Área Queer, op. cit.
[12] Área Queer, op. cit.