Encendido discriminatorio

Encendidos radio Mitre

El Observatorio recibió reclamos por la emisión del programa «Encendidos en la tarde” de Radio Mitre AM 790, del 2 de octubre de 2015, en tanto en él se invitaba a la audiencia a escuchar canciones calificadas como “grasas”.

Es importante señalar que lxs representantes de la emisora no asistieron al encuentro que iban a mantener con el Observatorio para reflexionar sobre este tema y también sobre otras cuestiones vinculadas a diferentes reclamos que llegan por este programa.

Informe sobre el programa “Encendidos en la tarde” de Radio Mitre, AM 790

 

Análisis

 

El Observatorio de la Discriminación en Radio y Televisión recibió reclamos por la emisión del programa radial «Encendidos en la tarde” del 2 de octubre de 2015[1] en tanto en él se invita a la audiencia a escuchar canciones calificadas como “grasas”[2].

La emisión se inicia a partir de una discusión dada en el programa anterior (“Lanata sin filtro”). De manera que la locutora de “Encendidos en la tarde” abre el ciclo diciendo: “Hoy vamos a escuchar canciones que para nosotros son grasa pero que en el fondo nos gustan, nos encantan”.

Durante el transcurso del programa se discute sobre qué es grasa. Aquí señalamos algunas de las apreciaciones realizadas por lxs conductorxs:

– Hoy vamos a escuchar canciones que para nosotros son grasa, pero que en el fondo nos gustan, nos encantan.

(…)

– Es para matarse de risa.

(…)

– ¿(A) la cumbia la considerás grasa? Porque la cumbia es un ritmo folclórico colombiano espectacular. Excelente, de muy buen nivel.

– Bueno, pero hay cumbias y cumbias.

– Pero no es la cumbia villera, estamos hablando de la cumbia. Puede ser hecha con mucho nivel, ojo.

(…)

– ¿Qué es ser grasa? ¿Es ser muy popular?

– No, no.

– Para mí, ser demasiado cursi es ser grasa.

– Ser burdo.

– Berreta, podría decirse.

– Para mí, alguien que es grasa es alguien que no sabe que lo que está haciendo, es grasa o cursi.

– ¿Que lo hace como en serio?

– La cumbia villera.

 

En la Argentina el término “grasa” es una construcción discriminatoria que estigmatiza a las personas de sectores populares. Esta calificación es sinónimo de “cabeza”, “villerx, “negrx”, “patasucia”, etc. Se suele utilizar para designar lo contrario a fino, elegante y, en el caso particular del programa analizado, es algo que debería ocultarse o de lo que habría que avergonzarse. Lo “grasa” como insulto discriminatorio que refuerza las desigualdades de clase, excede los consumos culturales como la música en este caso en particular. Esta mirada es profundamente clasista.

A pesar de ser masivo, la cumbia es un género musical rodeado de prejuicios. Suele ser descalificado en el discurso social y por algunos medios por ser un producto cultural popular. Según explica el investigador social Pablo Seman: “Se le asigna una carga negativa, al identificarla como música de mala calidad, para gente de mala calidad, como música de negros”.

Las elites culturales y sociales siempre tuvieron una mirada censurada sobre este tipo de música. La música de los sectores populares (cumbia, rap, rock barrial o “chabón”, etc.) se identifica con la marginalidad, el desinterés por la cultura del trabajo, la apología de la delincuencia[3].

Sin embargo, esta descalificación no necesariamente implica que en ocasiones se disfrute de este tipo de música. Claro que esto no significa la aceptación de las personas que la produzcan. Damián Quillici, un joven humorista cultor del stand-up villero, lo dice claramente en nota de la revista digital Anfibia: “La cumbia nos tiene que gustar con los cumbieros adentro”[4].

Señala que cuando en algún boliche de moda empiezan a ir pibes de la villa, dicen que ya no se puede ir a bailar porque se llena de negros”[5]. Explica Quillici, “que mientras los mismos que bailan cumbia en estas fiestas sigan pensando que el trapito o el limpiavidrios son pibes peligrosos a los que es mejor evitar, el problema de fondo sigue existiendo: la cuestión no es la cumbia, a la que se puede reivindicar, bailar, versionar e incluso admirar por su ritmo pegadizo, sus arreglos más o menos originales y su invitación permanente a mover los pies y la cadera. La cuestión, en este contexto, radica en los públicos cumbieros, la historia que la cumbia tiene atrás, el lugar de dónde viene, las trayectorias que representa, las sensibilidades que moviliza, la memoria narrativa y emotiva que se teje en sus letras”. Debemos comprender que la cumbia es, para las mayorías populares, no solo una música alegre y festiva sino un modo de vida, una forma de tramitar las experiencias vitales, por más duras que éstas sean. La música es testimonio de lo que ocurre en villas y barrios. Y que no es la misma la forma de apropiarse de estos ritmos en los bailes del centro  que en las fiestas del barrio.

Calificar a alguien como “grasa” niega que se discrimina a la persona por ser pobre (o “negro”) y se explicita que se trata de sus actitudes, modos de hablar, gustos culturales, etc. De esta forma, se refuerza la diferencia y reproduce las relaciones sociales de desigualdad, lo que podría habilitar el ejercicio de ciertas prácticas de violencia simbólica. Pierre Bourdieu[6] define la violencia simbólica como “todo poder que logra imponer significaciones e imponerlas como legítimas disimulando las relaciones de fuerza en que se funda su propia fuerza, añade su fuerza propia, es decir, propiamente simbólica, a esas relaciones de fuerza”. Podemos hablar entonces de una violencia simbólica ejercida sobre distintos grupos sociales como manera de reproducir, instalar y legitimar las relaciones de subordinación y poder que se establecen en una sociedad.

Efectivamente en el transcurso del programa distintas expresiones acreditan que lxs conductorxs son plenamente conscientes de que su discurso es discriminatorio y dejan claro que la utilización del término “grasa” alude a quienes pretenden, a través de la movilidad social, pasar de pertenecer a una clase social a otra. Lo que el discurso critica, más allá de la música, es la cultura y los valores a los cuales esta música aparece asociada.

Por estas razones desde el Observatorio de la Discriminación invitamos a reflexionar en torno a mensajes de esta índole y brindamos recomendaciones en pos de evitar las consecuencias que los mismos pueden tener sobre lxs habitantes de nuestro país  que pudieran sentirse discriminadxs por estos motivos.

 

Recomendaciones

 

  1. Evitar la contraposición entre “buen gusto” y el gusto de los sectores populares, como si fuesen cuestiones antitéticas.
  1. No vincular aquello que remite a fealdad o mediocridad con pobreza.
  1. Reconocer que no hay una sola forma de ser, mostrar la diversidad intentando no jerarquizarla.

 

Notas

[1] Disponible en: http://radiocut.fm/radiostation/mitre/listen/2015/10/02/14/00/00/

[2] Pueden leerse mensajes producto de la consigna del programa analizado en: https://www.facebook.com/radiomitre/photos/a.290476580992464.73470.143064249067032/1088647874508660/

[3] Disponible en: http://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-197149-2012-06-25.html

[4] Disponible en: http://www.revistaanfibia.com/ensayo/palermo-villa/

[5] Ídem.

[6] Bourdieu, P. y Passeron, J.C., La reproducción. Elementos para una teoría del sistema de enseñanza, España, Fontamara S.A., 1979.